Travesuras de la parca
Travesuras de la parca
Quizás se vuelva a repetir, no lo sé, su autor me envió este texto, yo decido compartirlo con ustedes en este humilde espacio, quizás se vuelva a repetir. No dependé de mí, ni tampoco de él. Sí, es algo increíble, que no dependa ni de él ni de mí, de hecho, yo no sé si él la habrá escrito o fue alguien que se apodero de él, lo cierto es que está historia que comparto con ustedes si comienzan a leerla no podrán parar hasta el final, y la volverán a leer. Porque se recrea a cada párrafo.
Cuando termine de leerla, me pregunté al instante, ¿Existirá algún amor tan puro como el de está historia?
No los aburro mas, y los dejo con Travesuras de la parca de Adrian Bertolotti.
Travesuras de la parca
La parca se había dado una vueltita por casa dos meses atrás. Primero fue a la habitación de los chicos. Después subió las escaleras y entró a la mía. Allí fue donde cumplió su propósito. Allí fue donde logró su objetivo. Allí fue donde culminó su obra maestra. Suena redundante decirlo así, pero les aseguro que podría encontrar diez mil formas más para expresar tan lamentable episodio. Estoy tan acongojada…
Extrañamente yo fui la única a la cual no incluyó. Por supuesto que no hay motivos para sentirme despreciada. Digamos que llegó a mi habitación y no le gusté…o en realidad si, y por eso me dio una segunda oportunidad… no se. Supongo que algo de eso fue. Le gusté y se quedó durmiendo a mi lado. No encontró nada positivo en el hecho de llevarme con ella y punto. Yo se que tengo que hacerlo pero no puedo. Les juro que no puedo, y por más que trato y trato cuando llega ese instante se me traba la falange y no puedo. Algunos podrán pensar que se trata de una decisión demasiado drástica, pero entiendan también mis necesidades como esposa y como madre. Siento una pena tan grande. Los extraño tanto.
No hay día en que no pase por el trabajo de Luciano, tal cual menudamente lo hacía tipo una de la tarde, cuando lo sorprendía para ir a almorzar juntos. “¡¡Bruja!! ¿Otra vez pudiste salir antes del laburo? ¡Que bien funciona este país!” me decía entre risas. Y nos íbamos a “Tano desde la Cuna”, un restaurante que sirve unas pastas riquísimas. Allí nos contábamos cómo le había ido a cada uno en su respectivo día laboral, ocasión en la cual yo presumía porque tengo la dicha de trabajar cuatro horas diarias, cosa que motivaba una catarata de chistes y bromas de su parte. Después de que él terminaba su infaltable budín de pan nos disponíamos a buscar a los chicos al jardín maternal. El decía que ese postre le daba la energía suficiente para seguir adelante durante el resto del día. Por el contrario, yo le decía risueñamente que él era “un gordito”.
¿Qué estarán pensando ellos ahora en este preciso momento? Con frecuencia pienso si realmente estarán deseando que haga semejante cosa. Aunque a mi no me interesa demasiado lo que ellos puedan estar especulando o lo que posiblemente estén deseando. No quiero ser despectiva, pero ellos deberían ponerse en mi lugar. No es fácil hacer semejante cosa. ¿Y qué pasaría con mis padres? ¿Cómo se sentirían? Aunque íntimamente, yo se que tengo que hacerlo.
Retomando a lo que les estaba contando, en el jardincito era siempre lo mismo. Le veía la cara a Delfina y ya sabía lo que me iba a decir: “¿Marce vos estás segura de que estos dos chicos son hermanos?”, a lo que yo siempre respondía con la misma sonrisa. “Uno es tan inquieto y el otro tan tranquilo”, me repetía una y otra vez. Y cuando le decía que en mi casa la cosa era completamente al revés abría bien grandes los ojos y me decía “aaaayyy ¿¿en serio??”. Los abrigaba, un beso a la seño y a casa. Era cuestión de unos minutos. Así básicamente eran nuestros días. Tan rutinarios como felices.
Los fines de semana eran totalmente diferentes. Hacíamos paseos tan variados como divertidos, a los cuales a veces se sumaban mis viejos. ¡Qué abuelos que eran mis viejos! ¿Acaso se merecían algo así? ¡Por favor, qué vida desgraciada! ¿Y Luciano? ¡Qué hombre! Por favor… ¡Pero qué hombre! Excelente esposo, hijo, amigo y mejor padre aun. ¡Qué destino insólito! Cómo lo extraño y qué ganas tengo de verlo…
Bueno amigos ésta es básicamente mi historia. Déjenme expresarles mi agradecimiento por haberme prestado su atención durante estos minutos. Algunos podrán pensar que soy una pobre muchacha que se siente invadida por una tristeza muy profunda. Los primeros días fueron durísimos, no voy a ser hipócrita. Pero a medida que siga pasando el tiempo lo voy a ir superando cada vez más. ¡¡Qué manera de contradecirme!! Si ahora me encuentro diciéndoles esto, y me río sola al pensar que cada mañana al despertar siento “ese no se qué”. Ese susurro que me dice “hacelo…hacelo ya, pero hacelo…hacelo por vos y por ellos”. No se si es mi conciencia, mi voz interna, mi imaginación, o “esa cosita” como algunos le suelen decir. Pero como ya lo manifesté líneas arriba no me animo. Se me hace imposible. No tengo el valor para hacerlo.
Lo cierto es que siento una gran liberación al haberles contado todo esto. Como si fuera un águila solitaria volando cerca de las nubes en un lugar desierto. Tal vez era lo que necesitaba para llevar a cabo mi plan. Creo que este es el preciso momento para lograr mi propósito. Sí, me decidí, determinantemente lo voy a hacer y déjenme agradecerles nuevamente. Sin su atención, no lo podría haber logrado.
Tres minutos después los vi en ese lejano lugar y entre la niebla nos abrazamos y les dije lo primero que se me vino a la mente: “Mi amor, mis chiquitos…fueron dos meses interminables. Los extrañé tanto…
