Sincronicemos relojes
Sincronicemos relojes
3, 2, 1… En este momento, la gente empieza a repetir “¡Cómo paso el tiempo!, “Ya se termina el año, increíble”. Ni hablar de la típica “¡Qué calor!” y menos que menos de esos seres despreciables que dicen “La calor”.
Un plus anécdota vieja:
Agárrame un huevo
Entonces el almacenero me mira, pero me mira mal, primero las tetas, después sube la mirada, me la clava en mis ojos, se petrifica, por que vos viste como es la mirada de los almaceneros, se le cristalizan los ojos, te sacan una radiografía, por que para ellos, todos somos chorros, siempre los queremos pasar, encima, el viejo este es un pajero y se hace muy bien el pelotudo, siempre dando lastima, yo, personalmente, desconfío de cada cosa que dice. Encima eso, habla hasta por los codos el conchudo, y claro, imagínate, no entra nadie a esa almacén medio pelo. Resulta que entonces el tipo, vivo, el tipo es vivo, mirá la viveza del tipo que me dice:
—¿Te puedo dar un huevo en lugar de 50 centavos? Pasa que no tengo ni una moneda.
Si será zorro, es un chanta, accedo a su pedido, resignándome;
—Bueno…
—Agárrame un huevo… —se hizo un silencio tétrico y continuó— …de ahí abajo… al lado de las gaseosas.
Y seguro que cuando me fuí me miro el culo.
*Basado en un hecho real
