Publicado hace 3 meses
No me des tregua, no me perdones nunca. Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. ¡No me dejes dormir, no me des paz! Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente. No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante; tálame como un sílex, desespérame.
Julio Cortázar

No me des tregua, no me perdones nunca. Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. ¡No me dejes dormir, no me des paz! Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente. No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante; tálame como un sílex, desespérame.

Julio Cortázar

Publicado hace 3 meses
Todo en ella atraia, todo en ella encantaba. Su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar. El ingenio de Francia de su boca fluia, era llena de gracia como el Ave Maria. Quien la vió, no la pudo, ya jamas olvidar.
Ruben Dario
Publicado hace 3 meses
Publicado hace 4 meses
Publicado hace 5 meses
Desde que nací supe que el fin del mundo era un solo día y que además se repetía todas las semanas. Los Domingos.
Por yo
Publicado hace 5 meses

Fragmento Rayuela cap. 44

Yo te diría que en este mundo hay problemas teleológicos. Parece que no existen, como en este momento, y lo que ocurre es que el reloj de la bomba marca las doce del día de mañana. Tic-tac, tic-tac, todo va tan bien. Tic-tac.

—Lo malo —dijo Talita— es que el encargado de darle cuerda al reloj sos vos
mismo.
—Mi mano, ratita, está también marcada para las doce de mañana. Entre tanto
vivamos y dejemos vivir.
Talita untó el pato con manteca, lo que era un espectáculo denigrante.
—¿Tenés algo que reprocharme? —dijo, como si le hablara al palmípedo.
—Absolutamente nada en este momento —dijo Traveler—. Mañana a las doce
veremos, para prolongar la imagen hasta su desenlace cenital.
—Cómo te parecés a Horacio —dijo Talita—. Es increíble cómo te parecés.
—Tic-tac —dijo Traveler buscando los cigarrillos—. Tic-tac, tic-tac.
—Sí, te parecés —insistió Talita, soltando el pato que se estrelló en el suelo
con un ruido fofo que daba asco—. El también hubiera dicho: Tic-tac, él también
hubiera hablado con figuras todo el tiempo. ¿Pero es que me van a dejar
tranquila? Te digo a propósito que te parecés a él, para que de una vez por todas
nos dejemos de absurdos. No puede ser que todo cambie así con la vuelta de
Horacio. Anoche se lo dije, ya no puedo más, ustedes están jugando conmigo, es
como un partido de tenis, me golpean de los dos lados, no hay derecho, Manú,
no hay derecho.
Traveler la tomó en sus brazos aunque Talita se resistía, y después de poner
un pie encima del pato y dar un resbalón que casi los manda al suelo, consiguió
dominarla y besarle la punta de la nariz.
—A lo mejor no hay bomba para vos, ratita —dijo sonriéndole con una
expresión que aflojó a Talita, la hizo buscar una postura más cómoda entre sus
brazos—. Mirá, no es que yo ande buscando que me caiga un refusilo en la
cabeza, pero siento que no debo defenderme con un pararrayos, que tengo que
salir con la cabeza al aire hasta que sean las doce de algún día. Solamente
después de esa hora, de ese día, me voy a sentir otra vez el mismo. No es por
Horacio, amor, no es solamente por Horacio aunque él haya llegado como una
especie de mensajero. A lo mejor si no hubiese llegado me habría ocurrido otra
cosa parecida. Habría leído algún libro desencadenador, o me habría enamorado
de otra mujer… Esos pliegues de la vida, comprendés, esas inesperadas
mostraciones de algo que uno no se había sospechado y que de golpe ponen todo
en crisis. Tendrías que comprender.
—¿Pero es que vos creés realmente que él me busca, y que yo…?
—El no te busca en absoluto —dijo Traveler, soltándola—. A Horacio vos le
importás un pito. No te ofendas, sé muy bien lo que valés y siempre estaré celoso
de todo el mundo cuando te miran o te hablan. Pero aunque Horacio se tirara un
lance con vos, incluso en ese caso, aunque me creas loco yo te repetiría que no le
importás, y por lo tanto no tengo que preocuparme. Es otra cosa —dijo Traveler
subiendo la voz—. ¡Es malditamente otra cosa, carajo!
—Ah —dijo Talita, recogiendo el pato y limpiándole el pisotón con un trapo
de cocina—. Le has hundido las costillas. De manera que es otra cosa. No
entiendo nada, pero a lo mejor tenés razón.

—Y si él estuviera aquí —dijo Traveler en voz baja, mirando su cigarrillo—
tampoco entendería nada. Pero sabría muy bien que es otra cosa. Increíble,
parecería que cuando él se junta con nosotros hay paredes que se caen, montones
de cosas que se van al quinto demonio, y de golpe el cielo se pone fabulosamente
hermoso, las estrellas se meten en esa panera, uno podría pelarlas y comérselas,
ese pato es propiamente el cisne de Lohengrin, y detrás, detrás…
—¿No molesto? —dijo la señora de Gutusso, asomándose desde el zaguán—.
A lo mejor ustedes estaban hablando de cosas personales, a mí no me gusta
meterme donde no me llaman.
—Valiente —dijo Talita—. Entre nomás, señora, mire qué belleza de animal.
—Una gloria —dijo la señora de Gutusso—. Yo siempre digo que el pato será
duro pero tiene su gusto especial.
—Manú le puso un pie encima —dijo Talita—. Va a estar hecho una manteca,
se lo juro.
—Póngale la firma —dijo Traveler.

Julio Cortázar

Publicado hace 8 meses
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Publicado hace 8 meses

El Sinsentido

El sinsentido es una experiencia cotidiana donde nos encontramos atrapados haciendo cosas que no queremos hacer y sintiendo mucho temor al porvenir. Tratamos de evitar el dolor del sinsentido, fugándonos, embotando nuestra conciencia en actividades ordinarias de todo tipo. A veces estamos tan ocupados corriendo de un lado a otro que pareciera que de esas cosas que hacemos dependiera la felicidad misma. Cuando estamos así de embobados y algo sale mal, cualquier cosa, no logramos alcanzar una meta, o somos rechazados o simplemente algo tan normal como la muerte se nos cruza en el camino, todo eso que parecía tan importante pierde toda su carga y atractivo.

Así el sinsentido está presente en nuestras vidas sea manifiestamente en alguna forma de depresión o angustia, o está oculto tras un espejismo que la conciencia persigue obnubilada.

Publicado hace 9 meses